Fuente: Reasons To Believe

¿Qué hace que el Dios cristiano sea único?

Kenneth Samples

Durante más de una década enseñé cursos de filosofía y religión en una escuela pública del sur de California. Uno de los cursos que más me gustó enseñar fue la clase sobre religiones del mundo. La mayoría de los estudiantes que tomaban la clase estaban interesados en algo más que simplemente cumplir con su requisito en humanidades. Me alegró descubrir que la mayoría de estos estudiantes estaban interesados genuinamente en aprender acerca de las diversas religiones del mundo. Si bien tuve muchos excelentes estudiantes a lo largo de los años y muchísimas discusiones provocativas dentro y fuera del aula, un intercambio en particular con dos estudiantes se destaca en mi memoria. Este diálogo me desafió a pensar cuidadosamente en cómo el cristianismo difiere de dos de las otras principales religiones del mundo.

 

Un semestre tuve dos jóvenes brillantes y religiosamente devotas en mi clase. Una era judía y la otra, musulmana. Ambas estaban interesadas en saber cómo sus propias religiones se comparaban y contrastaban con otras religiones. Cuando hablé sobre el judaísmo y el islamismo, las dos estudiantes aportaron perspectivas útiles acerca de sus creencias y rituales religiosos específicos. La estudiante judía había vivido en Israel durante parte de su vida, y la musulmana había crecido en Egipto. Luego de una de mis charlas sobre el cristianismo, las dos jóvenes se me acercaron y me hicieron una pregunta punzante: "Exactamente, ¿cómo difiere el Dios del cristianismo de la perspectiva judía y musulmana de Dios?".

 

Les expliqué que el cristianismo histórico, así como el judaísmo y el islamismo,1 afirma la existencia de un Dios verdadero y vivo. Señalé que el cristianismo disfruta de una relación única y especial con el judaísmo. Sin embargo, también enfaticé tres formas distintivas en las que el Dios cristiano difiere de la concepción de Dios que se encuentra en estas otras dos religiones monoteístas del Oriente Medio. Les dije que, de hecho, que estas tres distinciones doctrinales separan a la fe cristiana de todos los demás sistemas religiosos, no sólo el judaísmo y el islamismo. Los tres conceptos (en cierto sentido) expresan el corazón teológico del cristianismo histórico.

 

La primera forma en que el cristianismo es distinto es en su concepción especial del monoteísmo. A diferencia del judaísmo tradicional y el islamismo, el Dios del cristianismo posee una pluralidad única y misteriosa de personas dentro de su esencia divina singular. En otras palabras, si bien Dios es uno en su ser, no obstante existe como tres personas (o centros de conciencia) distintas. Una forma de expresar esta clase especial de monoteísmo es decir que Dios es "un que y tres quienes". Es decir, en términos de lo que Dios es, Dios es un y sólo un ser divino. Pero, en términos de quién es Dios, Dios es tres personas distintas. Ninguna otra religión concibe a Dios de esta forma, distinguiendo entre la esencia singular de Dios, por un lado, y su pluralidad misteriosa de personas, por el otro.2

 

Una segunda diferencia yace en la forma inusual y extraordinaria que tuvo Dios, según el cristianismo, de revelarse en el mundo. Es básico para la creencia cristiana la visión de que una de esas personas divinas (a saber, el Hijo) asumió una auténtica naturaleza humana y se convirtió en un hombre. A diferencia de todas las demás religiones, el cristianismo histórico afirma que Dios vino a la tierra en carne humana. A la persona histórica de Jesús de Nazaret se la denomina nada menos que "Dios-hombre". Para el cristiano, encontrarse con Jesús es ver a Dios cara a cara. El Dios que hizo los cielos y la tierra ha visitado personalmente este planeta. Expliqué a las estudiantes que los musulmanes y los judíos tradicionales rechazan las osadas afirmaciones del cristianismo de que Jesús fue Dios Encarnado.

 

La tercera característica distintiva de la visión cristiana de Dios describe cómo este Dios santo y justo logra el perdón de los seres humanos pecadores y rebeldes. A diferencia de los dioses de prácticamente todas las demás religiones, el Dios cristiano no acepta a las personas basándose en la preponderancia de buenas obras hechas en la vida. Más bien, Dios el Hijo, Jesucristo, asumió sobre sí mismo -mientras estuvo en la cruz romana- el castigo justo por las acciones pecaminosas realizadas por seres humanos, y así apaciguó la ira justa de Dios. El sacrificio expiatorio de Jesús abrió el camino para que Dios expresara su misericordia y perdón hacia los pecadores arrepentidos. La redención o salvación, entonces, está provista sólo por la gracia de Dios, exclusivamente a través de la fe en la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.

 

Terminé mi respuesta a las estudiantes afirmando que estas tres grandes verdades doctrinales ilustran la singularidad del concepto cristiano histórico de Dios. Me hicieron muchas más preguntas buenas y difíciles ese semestre, y también me enseñaron un par de cosas acerca de sus respectivas religiones. Las discusiones francas y saludables como ésta subrayan la verdad de que la visión que tiene una persona de Dios hace una diferencia crítica en la perspectiva general del mundo y la vida que tiene uno.

 

Este artículo ha sido adaptado del próximo libro de Kenneth Samples sobre cosmovisiones, a ser publicado en 2007.

Referencias

  1. Para una evaluación evangélica sobre las religiones del judaísmo y el islamismo, ver Winfried Corduan, Neighboring Faiths: A Christian Introduction to World Religions (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1998); see chapters 2 and 3 respectively.
  2. Para más información sobre la doctrina cristiana de la Trinidad, ver Kenneth Richard Samples, Without a Doubt: Answering the 20 Toughest Faith Questions (Grand Rapids, MI: Baker, 2004), chapter 5, "How Can God be Three and One?" 63-76.

Traducción: Alejandro Field

Artículo original: What Makes the Christian God Unique?, Connections 2006, Quarter 3 



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